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Telepsicología en España: monta tu consulta online legal

Guía práctica y legal de telepsicología en España: requisitos del máster PGS, plataforma RGPD, consentimiento online, facturación sin IVA y límites clínicos.

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Psicóloga atendiendo en sesión de telepsicología en España por videollamada desde su consulta

Mira, hace tres años montar una consulta de psicología online era el plan de emergencia. Hoy es el modelo de negocio de miles de profesionales. Y casi nadie lo monta bien del todo.

La telepsicología en España (la atención psicológica prestada por medios telemáticos) funciona clínicamente. El meta-análisis de Fernandez y colaboradores (2021) sobre psicoterapia por videollamada frente a presencial no encontró que la primera fuera menos eficaz. La cosa es que «funciona en la sesión» y «está bien montada legalmente» son dos cosas distintas. Y la segunda es la que te puede costar una sanción de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

Esto no es un artículo sobre qué webcam comprar. Es sobre las cuatro patas que sostienen una consulta psicológica a distancia: habilitación, plataforma, papeles y dinero. Si te falla una, las otras tres no te salvan.

Lo primero no es la cámara. Es el título habilitante

Antes de pensar en plataformas, una verdad incómoda: el formato online no rebaja ni un requisito. Te aplica exactamente lo mismo que en una consulta de toda la vida.

Para ejercer la psicología clínica en España necesitas el Máster en Psicología General Sanitaria (PGS), que la disposición adicional séptima de la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública establece como profesión sanitaria regulada. El grado solo no habilita. La Orden ECD/1070/2013 fija los requisitos de ese máster.

A eso se suma la colegiación en el Colegio Oficial de la Psicología de tu comunidad y, en la práctica, un seguro de responsabilidad civil profesional. Atender por videollamada a un paciente de otra provincia no cambia tu marco: el ordenamiento que te aplica es el de tu actividad profesional en España. No te inventas una jurisdicción nueva por estar detrás de una pantalla.

Una videollamada de terapia no es una videollamada normal

Aquí está lo que casi nadie revisa antes de empezar. Una sesión online genera datos de salud, y los datos de salud no son datos cualquiera.

El artículo 9 del Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD) clasifica los datos relativos a la salud como categoría especial: su tratamiento está prohibido por defecto, salvo excepciones como el consentimiento explícito del paciente o la finalidad de asistencia sanitaria. Traducido a tu consulta: la plataforma de videollamada que uses tiene que estar a la altura de un dato sensible, no de una charla con la familia.

Eso descarta WhatsApp, FaceTime o un Zoom gratuito como herramienta principal. Lo que necesitas es una plataforma con cifrado, servidores en la Unión Europea y, sobre todo, un contrato de encargado de tratamiento (el acuerdo del artículo 28 del RGPD que firma quien procesa los datos por ti). Sin ese contrato, no sabes dónde acaban tus sesiones. El Consejo General de la Psicología de España ofrece a sus colegiados una plataforma propia precisamente por esto. Si quieres el detalle fino del cumplimiento, lo desarrollamos en la guía de RGPD para la consulta psicológica.

La videollamada de terapia con RGPD no es un capricho técnico. Es la diferencia entre tener un dato cifrado y tener una brecha que notificar en 72 horas.

El consentimiento informado online lleva cláusulas que el presencial no tiene

El consentimiento que usas en consulta física no te vale tal cual para la modalidad a distancia. Le faltan piezas.

La Guía para la Práctica de la Telepsicología del Consejo General de la Psicología insiste en un consentimiento informado específico que cubra la plataforma usada, las medidas de seguridad, la ubicación de ambas partes, la política de grabaciones, qué pasa si se cae la conexión y, lo más importante, un plan de crisis y emergencias con recursos locales del paciente.

De ahí sale una rutina clínica que en presencial no existe: verificar identidad y confirmar la ubicación del paciente al inicio de cada sesión. Si alguien entra en crisis a 400 kilómetros, necesitas saber su dirección y a quién llamar antes de que ocurra, no durante.

Y por debajo de todo sigue la historia clínica. La Ley 41/2002, básica reguladora de la autonomía del paciente obliga a conservarla, como mínimo, cinco años desde el alta de cada proceso asistencial. Online o presencial, da igual: el reloj de los cinco años corre exactamente igual.

Facturar terapia online: exenta de IVA, pero con VeriFactu en el horizonte

Buena noticia de salida: el canal no te complica los impuestos. La complicación viene por otro lado.

La asistencia psicológica clínica está exenta de IVA por el artículo 20.Uno.3º de la Ley 37/1992 del Impuesto sobre el Valor Añadido, tanto en persona como por videollamada, siempre que la finalidad sea el diagnóstico, prevención o tratamiento. Lo que sí tributa al 21% son los servicios sin finalidad sanitaria: coaching, orientación laboral, selección de personal o formación. La frontera la marca el objeto del servicio, no la pantalla.

Lo que cambia pronto es cómo emites la factura. Tras la prórroga del Real Decreto-ley 15/2025, VeriFactu (el sistema de facturación verificable de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, AEAT) será obligatorio el 1 de enero de 2027 para sociedades y el 1 de julio de 2027 para autónomos en IRPF, según la nota informativa de la AEAT.

Que la fecha sea 2027 no significa que puedas montar hoy tu facturación sobre un Excel o un programa que no esté preparado. Eso es comprar deuda técnica con fecha de caducidad. Cómo encajan la exención de IVA, VeriFactu y la protección del dato clínico lo desgranamos en IA y ley.

Cuándo la terapia online NO es la opción

Y aquí va lo que nadie quiere oír cuando ha decidido vivir de la consulta online: la telepsicología no sirve para todo ni para todos.

Las guías profesionales son claras en pedir prudencia o derivación presencial ante riesgo de suicidio agudo, descompensaciones graves, cuadros psicóticos en fase aguda o situaciones que exijan contención inmediata. También cuando el paciente no dispone de un espacio privado y seguro, o cuando son menores sin la supervisión adecuada.

Atender a distancia un riesgo que no puedes contener a distancia no es ser accesible. Es asumir un riesgo que no te toca. Por eso el plan de contingencia (ubicación verificada, contacto de emergencia, recurso sanitario local) no es burocracia: es la red que te permite decir que sí al online con criterio, y derivar a presencial cuando toca.

Presencial vs online: la tabla que deberías tener delante

Para decidir caso a caso, esta comparación te ahorra dudas. No es «mejor» o «peor»: es «cuándo cada uno».

CriterioTerapia presencialTerapia online
Ansiedad, depresión, fobias (TCC)AdecuadaAdecuada (evidencia equivalente)
Riesgo de suicidio agudo o crisisIndicadaDesaconsejada sin plan de emergencia presencial
Cuadros psicóticos en fase agudaIndicadaRequiere derivación o coordinación presencial
Acceso geográfico y movilidadLimitado a tu zonaSin barrera de distancia
Privacidad del entorno del pacienteGarantizada en consultaDepende del espacio del paciente
Requisitos legales (PGS, RGPD, Ley 41/2002)ObligatoriosObligatorios + consentimiento específico

Y antes de abrir, este es el checklist mínimo que no deberías saltarte:

  • Grado en Psicología, Máster en Psicología General Sanitaria y colegiación vigente.
  • Seguro de responsabilidad civil profesional.
  • Plataforma de videollamada cifrada con contrato de encargado de tratamiento y servidores en la UE.
  • Consentimiento informado específico para online (plataforma, grabaciones, plan de crisis, ubicación).
  • Historia clínica con conservación mínima de cinco años por proceso asistencial.
  • Facturación exenta de IVA y preparada para VeriFactu antes de 2027.
  • Protocolo de emergencia con ubicación y contacto del paciente verificados por sesión.

Plataforma propia o intermediario: dónde se queda tu margen

Última decisión, y no es menor. Puedes captar pacientes a través de un intermediario tipo marketplace, o llevar tu propia consulta online. La diferencia no es estética: es de quién es la relación y de quién es el margen.

Haz la cuenta. Si una sesión cuesta 60€ y la plataforma intermediaria se queda un 35%, te ingresan 39€ y se llevan 21€ por sesión. Con 100 sesiones al mes, son 2.100€ que no entran en tu cuenta. Y, peor que el dinero: el paciente es de la plataforma, no tuyo. Los datos, también.

Con plataforma propia controlas la relación, los datos clínicos y el cien por cien de la tarifa. Comparamos las dos vías a fondo en esta guía sobre la alternativa a Unobravo y TherapyChat. Si quieres además que la parte administrativa (notas, briefing de sesión, recordatorios) te la quite de encima la IA clínica de Psicofactu, esa es justo la idea: que dediques la hora a la sesión, no al papeleo.

No tengo ninguna prueba, pero tampoco ninguna duda: la consulta online que sobrevive no es la más barata ni la que tiene la cámara más bonita. Es la que está bien montada por debajo. Empieza por ahí y prueba Psicofactu gratis para montar la base legal y administrativa sin pelearte con cuatro herramientas distintas. ¿Tu consulta online aguanta hoy una inspección, o solo aguanta una buena conexión?

Fuentes y referencias